Sobre liderazgo y políticas culturales

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La creación del Ministerio de Cultura en el 2010 concretó la existencia tan anhelada de una instancia pública de alto rango que aborde lo cultural dentro de la estructura orgánica del Estado. En ese momento, dicha decisión se entendió como un reconocimiento de la importancia que la cultura debía tener en la agenda de Estado y en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo social. Contar con un representante en el Consejo de Ministros implicaba la oportunidad no sólo de iniciar un cambio en la visión sobre la cultura, incidiendo en el rol trasversal que cumple en todos los ámbitos de la vida, sino también de impulsar el fortalecimiento de la institucionalidad cultural y la generación de nuevas políticas culturales promovidas desde el más alto nivel del Estado.

Hace dos años y medio el Gobierno de Ollanta Humala encontró un Ministerio de Cultura recientemente constituido sobre el cual había que trabajar intensamente para superar los vacíos en su creación (en relación a una estructura orgánica pobremente diseñada y a los objetivos iniciales que asumió) y trazar los pasos que conduzcan a su progresiva consolidación. Ello implicaba un trabajo a corto, mediano y largo plazo, a fin de generar estructuras más eficientes que respondan tanto a los problemas estructurales de la cultura en el país como a la conservación, promoción y democratización de las expresiones y la producción cultural [1].

Bajo el contexto actual, el liderazgo en la cartera ministerial es clave. Quien asume la dirección del Ministerio debe jugar un papel central en la generación de una visión programática del sector y en la construcción de nuevos referentes en un contexto que ha estado marcado históricamente por una concepción patrimonialista, centralista y muy conservadora de la cultura. La persona que esté a cargo de la dirección del Ministerio de Cultura debe impulsar un trabajo político que convoque y articule a las organizaciones del sector y que incida en la creación de corrientes de opinión sobre el rol de la cultura en el desarrollo social. De hecho, tanto en América Latina como en el Perú de las últimas décadas, se ha avanzado  considerablemente en la discusión sobre las políticas culturales y contamos con un gran número de agentes culturales muy activos que vienen trabajando comprometidamente desde nuevas perspectivas, en todo el país.

El reconocimiento de este contexto y de todo lo que ello implica nos obliga a prestar especial atención a las entrevistas recientes a la actual Ministra de Cultura, Diana Álvarez Calderón, la primera publicada el sábado 22 de diciembre de 2013 en la sección “Luces” de El Comercio [2] y la otra realizada el miércoles 8 de enero del 2014 en TV-Perú [3].

Las declaraciones de la Ministra dan cuenta de una dirección poco clara de la institución, un liderazgo difuso y la ausencia de una visión estratégica del sector. También dan cuenta de una gestión aún carente de prioridades y del desconocimiento de diversos avances, como por ejemplo del trabajo que pese a los impedimentos de la burocracia estatal vienen realizando consistentemente algunas direcciones del Ministerio de Cultura; el trabajo en industrias culturales, el programa Puntos de Cultura, entre otros. Estas entrevistas debieron ser un lugar para colocar el tema de la cultura en la agenda política y marcar retos de forma clara y precisa, especialmente porque todavía ni los periodistas, ni los líderes de opinión, los políticos, el ministro de economía, el presidente de la república y gran parte de la ciudadanía entienden bien de qué debe ocuparse el Ministerio de Cultura.

Una lectura crítica de las respuestas de la Ministra permite apreciar la forma como ella comprende lo cultural. Ahí se pone en evidencia una visión restringida, conservadora y jerárquica de la cultura donde ésta solo parecería “adquirirse” a través del acceso del consumo del teatro, las (bellas) artes, libros y los museos. En su discurso, la interculturalidad surge como un simple “tema antropológico” y no como un aspecto central y constituyente en la comprensión de la sociedad en el Perú. Más aún, las declaraciones de la Ministra se refieren a la interculturalidad como un problema e inconveniente. En un país como éste, donde históricamente la exclusión cultural ha sido un problema doloroso y nunca resuelto, y donde el racismo sigue siendo una herencia que los peruanos respiramos y reproducimos a diario, un comentario de esa naturaleza es inaceptable. Por otro lado, sus declaraciones sobre la “Ley de Consulta Previa” ponen en evidencia una visión sesgada que parte por valorar una sola opción de desarrollo, donde el ministerio actuaría como agente para la implementación de este único modelo.

Ante la pregunta de si es taurófila o antitaurina la Ministra responde: “El problema no es Acho, sino la tradición en pueblos del interior”. Ya José María Arguedas en su novela Yawar Fiesta (1941) criticaba ese discurso conservador que pareciese ser reproducido por la ministra y fuertemente instaurado en algunos imaginarios de la ciudadanía. Más adelante, sin embargo, ella declarará sobre la importancia del “respeto” entre los peruanos. Claramente, resulta complicado construir ese respeto en base a estas declaraciones que son producto de una visión que considera que las  tradiciones de “unos” ubicados en la capital son mejores (o menos malas) que las de los “otros” agrupados y ubicados en “el interior”.

Por otro lado, las respuestas brindadas dan cuenta de otro grave problema: al priorizar los aspectos “técnicos” en la gestión del Ministerio se subestima y anula el componente crítico y reflexivo (o “filosófico”, como se dice en una de las entrevistas, casi despectivamente). La sociedad contemporánea no debería ser pensada como una de un sólo tipo, menos aún como aquella que no invita a pensar críticamente, o peor aún, a no pensar en lo absoluto. Al mercado, en efecto, no le interesa que pensemos: le interesa que consumamos. A muchas de las compañías constructoras privadas, por ejemplo, les interesa muy poco la ciudad, el patrimonio, los parques y los espacios públicos. En ese sentido, los modos de gestión de lo cultural deben constituirse bajo una perspectiva crítica y autocrítica, situada mucho más allá de los intereses del mercado y de una “alta cultura” hoy ya descreditada por muchas razones. Este punto, el de la importancia de un pensamiento crítico en un país intercultural y marcado por la exclusión histórica, es un aspecto crucial que debe abordarse desde el Ministerio y que lamentablemente ha estado ausente en las declaraciones de la Ministra.

Ante un contexto social donde existen numerosas demandas por acciones que atiendan la grave crisis que enfrenta el patrimonio cultural, la Ministra se remite a mencionar la compra de “drones” y de aparatos tecnológicos que servirán para “acelerar” la emisión de Certificados de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA), describiendo estas adquisiciones casi como la única respuesta a la problemática patrimonial y (lo que nos preocupa más aún) poniéndose de lado de aquellos intereses que consideran al patrimonio como un “estorbo” para el desarrollo. Más allá de opciones ideológicas, liderar un cargo público implica defender aquello que es de todos. Al menos en teoría, el Estado debería ser una instancia que defienda el pacto común por encima de los intereses privados. El discurso de la Ministra parece resistirse a abordar el impacto que empiezan a tener los Decretos 054 y 060 sobre el patrimonio nacional: aquellas medidas instauradas para facilitar la inversión privada y que casi dejan el patrimonio a merced de un aparato institucional débil y una escasa y desactualizada legislación cultural, situación que el propio Viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales identifica como un grave problema [4].

Nuevamente, surge la imagen del Ministerio de Cultura como una especie de “bombero” que solo apaga incendios de corto plazo, pero que deja pendiente el replanteamiento de una legislación que resuelva de forma integrada los escollos que ha tenido la centralización en esta materia. Nos referimos en este caso a temas como: proyectos de puesta en valor que muchas veces han quedado inconclusos, al uso turístico del patrimonio como único objetivo para su recuperación, y a la participación democrática de las poblaciones locales en la gestión del patrimonio, entre otros. ¿Cuántos proyectos de puesta en valor existen a nivel nacional? ¿A cuánto asciende la inversión pública en ellos? ¿Qué entendemos por puesta en valor y cuál es el objetivo de emprender este proceso? ¿Qué criterios se utilizan para decidir la puesta en valor de ésta y no aquella huaca? La puesta en valor no equivale a iluminar, cercar y utilizar las huacas como imponentes marcos para eventos nocturnos, sino que supone hacer comprender al público (a la sociedad, y en especial a los agentes del mercado) la importancia, el valor y el aporte que dichos bienes patrimoniales representan para las sociedades de hoy.

En el Perú actual, secuestrado por un discurso que enfatiza un solo tipo de crecimiento económico (que no parece generar mejoras significativas en la calidad de vida de la población pues seguimos siendo una sociedad insegura, corrupta y violenta), trabajar en políticas culturales implica abordar directa y críticamente un contexto marcado por el racismo, la homofobia y la injusticia social, entre otros. Trabajar en cultura implica comprometerse en temas que son urgentes, que están mucho más allá del simple “consumo cultural” y que nadie quiere abordar desde el Estado. Estos temas son urgentes para comenzar a restaurar un vínculo social que hoy en el Perú todos reconocemos como altamente deteriorado.

El  Ministerio, por tanto, debe contribuir a generar nuevas articulaciones con el Estado y la sociedad civil para promover una institucionalidad cultural renovada. La relación entre el Ministerio de Cultura, los otros ministerios y la sociedad civil debe de ser mucho más articulada. Esto implica no posicionar a la cultura como una instancia subordinada a los intereses de un modelo económico particular o a las inercias de una opción puramente tecnocrática y por momentos conservadora o desinteresada por todo lo avanzado. El desarrollo del sector no debe basarse en los proyectos personales de las autoridades, sino en una visión participativa sobre puntos muy concretos de gestión cultural, pero también sobre lo que queremos ser como sociedad y sobre el rol decisivo que la cultura juega en tal proyecto.

 

Tandem: Gestión Cultural para el Desarrollo

Giuliana Borea
Guillermo Cortés
Mauricio Delfin
Diana Guerra
Victor Vich

 


[1] En ese camino, la publicación de los “Lineamientos de Política Cultural 2013-2016”, cuya versión preliminar se presentó en Febrero del año pasado, fueron un punto desde el cual avanzar en la discusión pública sobre estos temas y la construcción de políticas de largo plazo y alcance nacional.

4 thoughts on “Sobre liderazgo y políticas culturales

  1. Quique Gomez

    De acuerdo con la línea argumental. Improvisación e intereses privados en el ministerio.

    Por cierto, ¿por qué no firma el comunicado Alfaro?

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    1. tandem

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      Estimado Quique, Santiago Alfaro no firmó el artículo porque no pudo participar en su elaboración. Saludos y gracias por tus comentarios.

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  2. Sebastian La Fuente

    Una pregunta que espero no sea redundante: ¿Qué clase de liderazgo tienen en mente? Responden al final sobre la acción ministerial, con sus políticas, pero comienzan su argumentación deduciendo que por que la ministra hace tales declaraciones, entonces su liderazgo es así. Del mismo modo, ¿por qué al final no dicen qué clase de liderazgo esperan? Si al principio se aborda a la persona, pienso que al final también debería de haber una descripción de cómo sería un(a) ministro(a) ideal para este sector, las cualidades que requiere dadas las necesidades del mismo y las omisiones que plantean. Se preguntan, cuántas puestas en valor hay a nivel nacional: como investigadores pienso que pueden sacar una estadística al respecto con las necesidades que identifiquen y lo que ha logrado el ministerio.

    También pienso que deberían desarrollar un poco más los puntos que hay que fortalecer: ¿qué es visión participativa? ¿qué es lo que "queremos ser como sociedad"? ¿Cuáles son los puntos muy concretos sobre gestión cultural? ¿Cómo sería esta institucionalidad cultural renovada? Son preguntas cuya respuesta me gustaría conocer, espero, en un siguiente artículo.

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    1. tandem

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      Estimado Sebastian,

      Creemos que a lo largo del texto se señala cómo podría ser este liderazgo: con una visión amplia, incluyente y múltiple de lo cultural, con un conocimiento y voz pública que de cuenta de lo trabajado en las direcciones del ministerio, con ideas claras acerca de la importancia de las políticas culturales y posibles caminos a seguir (no sólo refiriendo a un listado de acciones que no se articulan a procesos mayores), etc.

      Lo que se dice (y en especial si uno es autoridad y voz publica) sí es constituyente de un liderazgo, más aún porque estas muestran conocimientos y prejuicios que uno trae y reproduce en su accionar.

      Gracias por tus últimas preguntas. Esperamos poder responder algunas de ellas en otro texto que trabaje, por ejemplo, el campo de política mas participativa (Aunque hay algunos esbozos de estas respuestas en nuestro texto "11 retos para el gobierno de Ollanta Humala"). Saludos.

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